La educación de nuestros hijos es, sin duda, una de nuestras prioridades diarias. Que se formen como personas y aprendan todo lo necesario para que el día de mañana puedan ser los mejores en aquellas profesiones que ellos hayan elegido.

En pleno siglo XXI parece increíble que todavía millones de niños en todo el mundo no puedan tener acceso a una educación básica. En muchos lugares de nuestro planeta la prioridad es sobrevivir, por lo que la educación queda relegada a un plano en el cual nadie se preocupa por ella. La Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 26 dispone que “Toda persona tiene derecho a la educación”. La UNESCO se empeña día a día en hacer cumplir este derecho, y para ello trabaja codo con codo con todos los gobiernos.  Sin embargo, según datos de la UNESCO, la pobreza mantiene sin escolarizar a 67 millones de niños, de los cuales un 43% residen en el África subsahariana. Las guerras en muchas partes del mundo son otro de los factores que obligan a que la educación no sea un aspecto fundamental en esos países.

En muchos países, el primer objetivo que se plantean tanto la UNESCO como los gobiernos es la alfabetización, aprender a leer y escribir es el objetivo prioritario. Parece increíble, ¿verdad? Pero es una realidad. En medio del hambre y de la lucha por la supervivencia es realmente difícil acceder a la educación básica, y quien finalmente puede hacerlo es en unas condiciones extremas. Dentro de esos 67 millones de niños que no tiene acceso a una educación básica, el mayor número  corresponde a las  niñas, ya que en muchos de estos países, además de la pobreza, la desigualdad de género es otro problema añadido.

La evaluación PISA

El Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos , o PISA, evalúa a alumnos de 15 años de todo el mundo en determinadas materias (lectura, ciencia y matemáticas) para saber el grado de preparación que tienen una vez finalizada su educación obligatoria. Los datos que estas pruebas arrojan es que aquellos países en los que las condiciones socioeconómicas no son las adecuadas, los resultados son un reflejo de ello. La ciencia es un campo que en algunos países, sobre todo en aquellos donde la alfabetización es la prioridad, es una materia olvidada. Pero la realidad es que la ciencia, en los tiempos en los que nos encontramos, debería ser una prioridad para todos. La comunidad educativa, padres, maestros y alumnos, nos debemos esforzar para  dar una imagen inclusiva de la ciencia. Una de las cosas que se pueden hacer para despertar el interés por la ciencia entre los alumnos es la exposición a esta materia desde una edad temprana. De esta forma, se fomentaría esta materia como se hace con otras.  Los estereotipos en este campo también es otro obstáculo que hay que saltar. Los campos en ciencia no son exclusivamente masculinos, no es cuestión de género, sino de posibilidades, de oportunidades para poder estudiar y formarse en estos campos, y eso es algo que entre todos tenemos que ayudar a que no sea cuestión de género. Genius Plaza nos muestra una gran variedad de profesiones que son desempeñadas tanto por hombres como por mujeres, porque el género no es la clave, sino la formación:

Los maestros, base de la educación

La formación del profesorado también es algo de vital importancia para la educación de los alumnos. Lógicamente, si las características socioeconómicas de los países no son las óptimas, el profesorado tampoco tendrá un nivel adecuado para impartir determinadas materias, como las ciencias. Por lo tanto, las ayudas económicas no deben centrarse únicamente en proveer ordenadores a las escuelas, que es lo que podríamos pensar que necesitan algunas de ellas para enseñar determinadas materias. En estos casos lo importante es invertir en formación del profesorado, mucho más necesario en algunos países.

La comunidad internacional en su conjunto debe aunar esfuerzos para avanzar en el campo de la educación. El futuro está en manos de estos niños que hoy en día intentan abrirse paso en un mundo convulso, en el que recibir una formación adecuada no es nada fácil en muchos países.

Ana Lopez

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